Matar al jefe

Jefe

El otro día, charlando con un gerente de una empresa, él me decía. “Estoy tapado de laburo: me organizo y planifico bien mi año, mi mes, mi semana y mi día. Pero llega mi jefe y una vez por semana me pide una lista de cosas extras, fuera de mi plan.” Y con resignación me suma: “me es imposible decirle que no.”

Me quedé pensando: ¿se le puede decir que no a un jefe? ¿no se puede o no se quiere?

Hace algunos años conocí a un gerente de una empresa, muy capacitado él, con buena experiencia e inteligente. Pero con una particularidad: en su carrera profesional, siempre había seguido a su jefe, en las distintas empresas donde su jefe trabajaba. Cuando el jefe cambiaba de lugar, él lo seguía: se aseguraba un buen trabajo (ascendente siempre) y buenos ingresos, y su jefe lo convocaba porque lo conocía y confiaba en él.

Pero siempre tuve la sensación que su crecimiento era siempre gracias a este jefe.  ¿Cuándo iba a salir de esa sombra?

Sigmund Freud (sí, él mismo) habló siempre de la relación entre padre e hijo, y expresó la necesidad de  “matar al padre”, o “el que no mata al padre, muere”. No es una enunciación literal, sino metafórica, indicando que en el algún momento las personas maduran y deben tomar control de sus vidas, “apartando” del camino a sus padres, ganando autonomía, y criterio. Dejando de lado la admiración total, para ver a sus padres como seres de carne y hueso, con sus defectos y virtudes, liberándose de su tutela.

De la misma forma, uno debería “matar al jefe”: también en forma metafórica. Esto no quiere decirle perderle el respeto o hacer lo que uno quiere, sin aceptar siempre la relación, pero no como un sí sin cuestionamientos. Uno debe saber poner también los límites, tratar de manifestar su criterio, mediante consenso, y no que todo sea una obligación ciega (y ni hablar en temas que rayan lo ético o moral). Saber abrirse juego sin tanta dependencia de un jefe, y lograr sobresalir y mostrarse, cuidando las formas y sin generar rispideces.

Obviamente, también tiene que haber un jefe que se debe “dejar morir”: saber darle lugar a los que están abajo, ser abiertos y flexibles, y escuchar sin reprimir.

En definitiva, se puede y debe saber decir que no al jefe. Como los padres, los jefes en algún momento debemos mentalmente dejarlos a un costado para poder crecer. Tal vez, al decir que no al jefe, más que matarlo, estamos naciendo nosotros un poco más.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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