El misterioso caso del cambio de nombre de la hamburguesa con papas fritas

 

Si les digo “fast food”, ¿Qué me dicen? Mc Donalds.

Y si les digo “otra”, ¿qué me dicen? Burger King. ¿Correcto? No por mucho tiempo más….

Recientemente la empresa ha realizado dos anuncios importantes para el mercado americano:

El primero, el lanzamiento de unas nuevas papas fritas, cortadas de forma diferente, con 40% menos de grasas trans y 30% menos calorías.

El segundo, y tal vez el más importante, es el cambio de nombre. No llamarse más “Burger King”, sino “Fries King”. Es decir, deja de ser el rey de la Hamburguesa, para ser el Rey de la Papa Frita.

¿Les sorprende? ¿Por qué una empresa haría algo así?  Lo primero que salta a primera vista es que tiene un alto componente de riesgo: cambios de este tipo son cambios drásticos que pueden ser desesperados o brillantes.

Lo cierto es que las empresas como Burger King cargan desde hace años con problemas de imagen difíciles de resolver. El impacto de su comida en la dieta diaria y las acusaciones de fomentar la obesidad en la población, son  elementos que han repercutido en la imagen pero también en el negocio: la cantidad de clientes a la franquicia viene disminuyendo en forma consistente, a pesar de las distintas movidas buscando enaltecer las bondades y calidad de la comida, o nutrir de productos “más sanos” en el menú o invertir en locales más amenos y amigables (al estilo Starbucks). Todos intentos loables, con resultados por debajo de lo esperado.

Ahora bien: ¿ante la necesidad de un cambio, vale todo? ¿se debe reemplazar un nombre tan fácilmente? O aún más dudoso: ¿son las “papas fritas” la solución ante este dilema?

Por lo pronto, si bien no ha llegado aún a nuestros países, váyase haciéndose a la idea de que en cualquier momento va a tener que ir a Fries King a pedir su Whooper con queso.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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