El jefe imperfecto

jefe perfecto

Te llega el momento. Luego de mucho trabajo, y como consecuencia también de tu esfuerzo y de tus capacidades, te dan esa memorable noticia: “te ascienden”. Pasas a ser jefe. Tenes gente a cargo por primera vez: esto te da orgullo, te dota de mayor responsabilidad, te da también poder y seguramente prestigio.

Sin embargo, en esta situación, pasas a ser más observado que nunca. En este nuevo rol, la gente a a quien conducís, empieza a lo que comúnmente se dice “sacarte la ficha”. Es decir, en esta mayor observación, pasas a ser objeto de un mayor análisis y conocimiento por parte de otros. Con lo que eso implica.

En ese descubrimiento, la gente te conoce más y te empieza a evaluar ahora como “Jefe”. Sabiendo que en vos conviven fortalezas pero también debilidades. Les pasa a todos los jefes, a TODOS, incluyendo aún a los más encumbrados o famosos o exitosos.

Ahora bien, ¿qué se debe hacer con ese “lado oscuro”? Es muy tentador creerse perfectos, que no tenemos debilidades o que los mismos “no importan”. Pero ojo, porque si es así, nos creemos algo que no somos. La gente lo sabe y lo detecta siempre, y se nota. La gente que se cree “jefes perfectos”, en general terminan mostrándose como inseguros, lo que les genera una mayor debilidad.

Lo importante es saber que el ser jefe no significa que seas perfecto. Esta nominación que premia tus fortalezas, viene con el combo de las debilidades (siempre es así), que se conocen, se enfrentan y se trabajan. Pero nunca se esconden debajo de la alfombra. Porque al final de cuentas, tus imperfecciones te muestran también humanos, lo que no es poco. Un consejo: aquellos jefes imperfectos que más valoré, son aquellos que asumían sus debilidades con un gran toque de humor al hablar de ellas: nunca falla.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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