Yo emociono, tú emocionas, él emociona

En uno de los mandamientos no escritos del marketing, se dice con letras doradas y de molde, de tamaño grande para que se vea de lejos: los consumidores son esencialmente emocionales, y las marcas que logran entrar en sus corazones son las que apelan irrenunciablemente a  la emoción. Con distintos herramientas y acercamientos, pero siempre apelando a esa toque mágico humano sensible que logra abrir puertas y derribar preconceptos y afianzar conocimiento y recordación.

Es un mandamiento fundamental, claramente aplaudido y refrendado por todos… pero pareciera que olvidado.

En estos meses de sensibilidad extrema, de incertidumbre clara,  y donde los consumidores viven situaciones (en sus propias palabras) “de locura”, son las marcas las que podrían dar un buen “presente” para dar un poco de firmeza y “calor” a sus consumidores; aliviando tanta angustia y de paso afianzando los vínculos tan necesarios para una relación lúcida y duradera. Sin embargo casi pesan por su ausencia.

Con excusas múltiples y razones bien explicadas, pulula por doquier un marketing básico, táctico, al grano y punto, sin grandes sorpresas, con un dejo de ninguneo profundo y sin mucha más ambición que sumar presencia y empujar comercialmente algunos números ¿Pensar en branding de verdad? Para después. ¿Jugarnos con mensajes que toquen a los consumidores en sus corazones? No es el momento. ¿Dar rienda suelta a la creatividad plena? No, gracias.

A veces los trenes pasan sin subirnos y las oportunidades tocan a la puerta sin que abramos. Cuando miremos para atrás y veamos con el diario del lunes cuál fue y quienes hicieron el marketing del bueno, recordemos ese mandamiento no escrito: la emoción es siempre el mejor verbo que podemos y debemos conjugar.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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