Estoy aburrido

En la época de la tecnología a disposición y del bombardeo visual constante, cuando nuestros hijos se encuentran solos sin tanto estímulo recurren a la frase del título: “¡estoy aburrido!”. Los chicos … pero también los grandes.

Es común que ante por ejemplo una presentación, o hasta una simple reunión de trabajo, si el tema o la dinámica no sube al nivel de estímulo constante, automáticamente se pierde el interés de la gente, surgiendo los reemplazos automáticos del celular y su universo de aplicaciones atractivas a disposición.  Se refleja el mismo “estoy aburrido” de los niños, en personas grandes: no se expresa tan abiertamente…pero actúan como tal.

Estos comportamientos (en chicos y grandes) son atajos, soluciones del corto plazo, que van  mellando poco a poco en la capacidad intelectual de las mentes de poder abstraerse, dar espacio a la propia reflexión, y darle la bienvenida a la creatividad. Pero no solo eso: en lugares de trabajo también complican la dinámica de creación y trabajo, llevando a reuniones poco productivas, demasiado inducidas y con mínimo espacio para la elevación intelectual o al crecimiento como grupos de trabajo. Se limitan entonces a espacios “aburridos” de convivencia, donde lo importante es que … terminen … rápido.

Lo que está en juego ante este avance, es la capacidad propia (niña y adulta) de crear, de innovar, de ser creativos – lo que nos diferencia de los animales y de las máquinas.

¿Qué hacer? Una sugerencia, una opción (tal vez): volvamos a la (ahora) difícil tarea de querer y prestar atención. Hacer un esfuerzo. Darle espacio y lugar a que las palabras de otros puedan ser escuchadas y asimiladas con criterio y paciencia; dejemos por un momento las ansiedades y démonos un espacio para la reflexión y la propia cavilación desafiante; permitámonos no tener todo resuelto o satisfecho, y convoquemos a la mente para que nos lleve a otros caminos u opciones; suspendamos la gratificación inmediata visual y sonora, para dar espacio a la construcción original basada en nuestros propios pensamientos y reflexiones. Tal vez también, menos espacios ya creados (Netflix) y más espacios más autofantasiados (lectura).

En definitiva, para chicos y no tan chicos, dar lugar a la gran oportunidad de permitirnos aburrirnos.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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