Acelerando…

Recientemente Whatsapp implementó una nueva funcionalidad a la escucha de los mensajes de voz enviados: la posibilidad de acelerar los mismos y de esta forma escuchar en forma rápida lo recibido, “ahorrando” tiempo para aquellos mensajes que suelen ser muuuy largos.

No hace tanto Netflix incorporó la funcionalidad de SKIP INTRO de la presentación para sus series: de esta manera los usuarios no tienen (si quieren) que verla siempre de nuevo, “ahorrando” segundos para ver su serie.  No es el único lugar donde vive el SKIP: lo encontramos en varios formatos de video, especialmente publicidades.

El otro día escuchaba que se hizo en USA un estudio para ver por qué la gente joven no iba o no era el cine el lugar de preferencia. Uno de los insights detectados es que los jóvenes no toleran el ver una película sin saber cuando falta o cuando termina. Reclamaban que hubiera una “barrita” debajo de la película para indicar el avance de la misma, y hasta reclamaban la posibilidad de poder adelantarla individualmente y avanzar en las distintas escenas a discreción (posibilidad que hoy no existe).

También pasa en la diaria: toda reunión de trabajo o en el ámbito académico requiere hoy (y más en la virtualidad) ser corta y al grano. La atención es poca y corta, y la dispersión es pronta e inmediata. Los temas se ven y deben verse rápido y en forma sintética: no hay espacio para el monologo largo, las pausas pesan y los tiempos vuelan.

¿Qué es lo que está sucediendo? Esta pulsión para adelantar y acelerar, ¿es realmente necesidad de ahorro de tiempo o es pura ansiedad? ¿Qué nos indican están observaciones precisas de la realidad?

Siempre está la idea de querer intentar entender el qué y para qué pasan y existen ciertas cosas. Sin temor a equivocarnos, todo indica que este acelere general que lleva a consumir lo que sea con la vara del velocímetro al lado, no es lo aconsejable visto desde la mirada objetiva. Sin negar la realidad, sin pecar de antiguos o no queriendo tapar el sol con la mano, esta corrida contra un tiempo que igual se va (como granos de arena) parece terminar siendo la peor combinación: una batalla perdida con un disfrute acotado en el mientras tanto (y terminar entre acogotados y empachados). Es importante poder darle el espacio, tiempo, pausa y lugar a las cosas. “Vestime lento que estoy apurado” parece reflotar como gran  verdad a pesar del paso de los tiempos. O como dice un amigo también: “no apures el asado, te sale arrebatado y duro: dale el tiempo que el ritual se merece”.

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