Seniority gerencial

seniority

A la hora de entender cuándo una persona ha alcanzado cierta madurez gerencial, hay varios factores que lo definen, pero quiero detenerme en dos:

El primero, es la templanza (virtud cardinal).

Hace muchos años trabajaba en un banco; éramos un puñado de jóvenes entusiastas, con muchas ganas, energía … pero también ansiosos, inseguros e impulsivos. En el equipo trabajaba también una persona próxima a jubilarse, soldado de muchas batallas y con un conocimiento profundo que no tenía pruritos en compartir. El rasgo que más recuerdo era su tranquilidad y mesura ante los temas y problemas: era un bálsamo ante nuestras histerias, siempre con un consejo a mano, una respuesta certera y una solución acertada, pero por sobre todo su relajo y su postura calma ante las urgencias. Un temple envidiable, que mostraba claramente su profesionalismo, pero por sobretodo su madurez alcanzada.

El segundo, es la escucha activa. Es el arte de escuchar, sin anteponer su propia historia o conocimiento. La persona madura sabe que sabe, y no hace falta refrendarlo en cada oración: encuentra en la palabra del otro (aún crítica o tal vez no tan útil) la esencia de la relación y el motivo de toda conversación. Es priorizar siempre al otro antes que a uno mismo, dando espacio al otro para que se manifieste; liderar pero con la suficiente apertura mental, para saber cambiar si es necesario y hace falta. Flexibilidad y adaptación, escucha y atención sin dramas.

El seniority gerencial tiene que ver mucho con la edad, con la experiencia, con la madurez real; la edad tiene relación con el seniority alcanzado.  Pero ¡ojo!, no siempre: se pueden ver estos rasgos en gente joven, y a su vez pueden estar ausentes en algunas personas de entrada edad.

En definitiva, tranquilidad y saber escuchar, galones de un gerente en su plenitud señorial.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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