La no respuesta

 

Soy de los que no les gusta tener temas pendientes.  De buscarle soluciones rápidas y concretas a las cosas. De los que odian tener muchos emails esperando en el buzón del correo electrónico.  De los que no te hacen esperar, de llegar puntual y de avisarte si están llegando tarde. Es así. Soy así.

Mi peor pecado es pretender lo mismo de los demás. ¡Vaya desilusión!

¿Es mucho pedir que si yo le mando un correo a una persona, preguntando algo, que la otra persona me conteste en un plazo…digamos razonable? ¿O que si mando un mensaje de texto con una consulta, que la otra persona me conteste alguna vez? ¿O que si hago un llamado y dejo un recado, que la persona me devuelva alguna vez el mensaje? ¿O que si quedamos en que pasas por la oficina, “pasas” en serio y no me dejas esperandote sin avisarme que no venis?

Antes se le podía echar la culpa al correo tradicional, a los teléfonos que no andaban bien, a los malos entendidos, al timbre, etc.

En el mundo de la hipercomunicación, ¿Por qué a veces uno siente que estámos más incomunicados que nunca?

Pero no es por falta de oportunidad de poder responder en cualquier momento. Si la gente no tiene ningún problema en dejarte de prestarte atención en una charla para atender un ignoto mensajito entrante. Si es capaz de contestar hasta durante una obra de teatro. Si puede manejar hablando por teléfono celular, sin que tenga vergüenza o culpa… ¿Por qué deciden entonces no contestarme a mí?

¿Cuándo fue que no contestar un mensaje pasó a estar bien? ¿Cuándo fue que la no comunicación pasó a privilegiarse en la era de la comunicación?

Voy a terminar entendiendo que la NO respuesta, es una Respuesta en sí. Que la conversación pasó a ser un bien escaso, y que aquellos que no me responden simplemente están ejerciendo el derecho a ignorarme. A ignorarme brutalmente, sin el “yo te llamo”, “si tengo novedades te digo”, o “cualquier cosa me comunicó”, que por lo menos antes se esgrimía como una respetuosa excusa.

En definitiva, tal vez comenzaré a extrañar el “a ver si nos vemos”. Una excusa sí, pero una respuesa al fin.

Por lo pronto, perdón si alguna vez no he respondido un mensaje que pedía una respuesta. Prometo intentar que no vuelva a suceder, sinceramente.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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