Cuando tu hijo juega no te pregunta cómo llegó al mundo

Mi mujer que es psicóloga me mandó indignada esta foto de una publicidad (perdón por la pobre calidad de la foto).

 

Poco después, en otra reunión de amigos se disparó un comentario sobre esta misma publicidad, repitiendo la misma opinión. Es más, seguramente alguno se habrá acordado de haberla visto antes cuando vio esta foto.

(mientras escribo esta nota en un bar, un par de chicos de 5 ó 6 años estaban haciendo bastante revuelo, saltando, etc. Una de las madres sacó de su cartera la solución mágica: un jueguito (en este caso en un celular). Los nenes se calmaron automáticamente, cautivados por la atracción del juego. Santo Remedio)

¿Qué tiene esta publicidad para lograr tal revuelo? Se basa en una terrible realidad: como los juegos pueden ser efectivos a la hora de “sacarnos” como padres de situaciones embarazosas. Pero eso no es todo: el poder de los padres de poder ejercer esa influencia en los chicos.

Un puritano del marketing podrá argumentar: esta publicidad se basa en un “insight” muy certero y concreto. Y que la atención despertada en el público target, por un lado ratifica lo exacto de este descubrimiento, y confirma su éxito al lograr que la gente hable. “Algún nervio” tocó este mensaje, alguna culpa movilizó, y puso en blanco y negro una situación que se presenta más de la cuenta. La vida misma reflejada en el marketing.

Ahora bien, creo que el marketing no puede permitirse que las cosas así pasen. Es decir, me gusta creer que el marketing tiene que tener un propio límite, que no es el mercado, sino un auto límite. En el último tiempo el marketing se descubrió como demasiado influyente para que no haya criterios que lo restrinjan. No todo tiene que estar permitido, y esa autoregulación, debe partir de la propia gente de marketing.

Un auténtico insight, por el solo hecho de ser cierto y contundente, no balancea el efecto negativo que puede tener en la sociedad si se lo aplica crudamente. En este caso concreto, es preferible que “el juego” busque en su posicionamiento, una opción un poco más agradable y de beneficio para los niños. Y no basarse en el concepto posicionador de que “el juego permite que los niños estén un rato sin pensar, sin cuestionarse, calladitos y obedientes”. Aunque cierto, debemos aspirar, como actividad, como disciplina, a un espíritu un poco más elevado. La sociedad pide a gritos valores y ejemplos. Marketing es demasiado poderosa para hacerse la distraída.


Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com
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